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La enseñanza apenas ha cambiado en siglos

Lo podemos hacer mejor

La necesidad de una mejor enseñanza

Alumnos durmiendo durante las clases o jugando con sus teléfonos móviles. ¿Te suena? Esto fue lo que encontró el Dr. James Cannon en la Universidad de Tokio cuando empezó a enseñar en 2015.

Al principio enseñaba de la misma manera que le habían enseñado a él: hablando mientras escribía en la pizarra, o pasando diapositivas con un proyector. Pero ver tantos alumnos aburridos le hizo darse cuenta de que tenía que haber una forma mejor.

También había otros problemas. Cuando los alumnos se quedaban atascados en los deberes, nadie estaba con ellos para ayudarlos. Como docente, James se daba cuenta de que casi todo lo que le decía a los alumnos, ellos podrían leerlo por sí mismos. Dar la lección suponía un uso ineficiente del tiempo de los estudiantes, así como del docente.

Estudiantes que no prestan atención

El nacimiento de una idea

Después de investigar un poco, James tuvo claro que el aprendizaje activo era mejor para los alumnos, pero no fue hasta su entrada en la Universidad de Kyushu en 2016 que James tuvo la oportunidad de experimentar con esos métodos.

La idea del aula invertida le parecía perfecta: los estudiantes estudian en preparación para la clase, y durante la misma colaboran conversando entre ellos sobre los conceptos. Pero pronto descubrió que la mayoría de los alumnos no preparaban las clases. El experimento fracasó.

Entonces James se dio cuenta de que su objetivo no era que los alumnos leyeran. James quería que los alumnos aprendieran. Y aprender significaba estudiar los conceptos con suficiente profundidad para poder responder preguntas. Así nació el aprendizaje activo orientado a retos.

Dr James Cannon

Construyendo la idea

Inicialmente, los retos se publicaban en un PDF y James reunía feedback, emparejando manualmente a los alumnos para que se pudieran ayudar unos a otros durante la clase. Funcionaba, pero hacer un seguimiento del progreso era difícil, y solo era viable para clases con pocos estudiantes. Se necesitaba un nuevo método más escalable.

Esto lo llevó a una pregunta clave: ¿cómo podría llevar a cabo una revolución en la enseñanza de forma sostenible? Y no solo en la clase de James, sino en todo el mundo.

La respuesta: lanzar una start-up para crear tecnología que facilite enseñar mejor. Dejar que la financien los docentes y las instituciones educativas que la encuentren útil, es decir, los que creen en el mismo sueño de educación moderna de alta calidad. Todo esto siguiendo una filosofía de acuerdo con las ideas de la educación abierta. Y así nació ChallengeHub.

Construyendo la idea

El futuro

ChallengeHub está ganando mucha atención entre docentes que quieren probar algo diferente. Docentes que entienden que el mundo de la enseñanza está cambiando rápidamente y que se necesita innovación para proveer a la sociedad de graduados motivados y competitivos a nivel internacional.

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Una clase usando ChallengeHub

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